Irnos fue, por lejos, la mejor decisión que podíamos haber tomado en este momento puntual de nuestras realidades, lo que no quiere decir que haya sido fácil.

Dejar el ¨nido¨, tu lugar seguro, tu cama, tu baño, tu placard, tu cocina, toda la comodidad conocida -y acostumbrada- la rutina, las mascotas, la zona de confort… no es nada fácil.

Se podría decir -yo podría decir desde mi perspectiva- que encarar un viaje sin fecha exacta de retorno tiene varios estadíos en los que se manejan diferentes tipos de sensaciones.

Una primera etapa sería la planificación, ese momento en el que leés blogs de otros viajeros, te enganchas con cualquier nota de viaje que aparece por ahí, te obsesionás un poco con algún país/región/lugar/zona/punto del globo y te parece verlo hasta en la sopa (aunque se trate de un pueblo perdido), ese primer estadío es hermoso y experimentás una emoción inexplicable.

En la segunda etapa entrás cuando tomás la decisión de hacerlo realidad, puede estar influenciado o no por elementos externos (en mi caso fue una propuesta de salida laboral) o no, acá aparecen los primeros nervios pero la adrenalina es infinita y su mayor punto de expresión es al momento de sacar los pasajes.

Una tercera parte serían los preparativos, contarle a la familia, los amigos, responder un millón de veces las mismas preguntas, ir a médicos, ponerse vacunas, comprar mochila/valija, accesorios de viaje y todo lo que hace a que el viaje funcione, si el vaje se planifica de a dos puede que acá comiencen las rispideces.

La cuarta etapa arrancaría los días o semanas previos al viaje, cuando empezás a empacar, quizás embalar porque tenés que mudar las cosas que tenías en tu casa, ubicar a las mascotas, despedirte de familia, de amigos, de más familia, más amigos y más amigos. Armar la mochila, desarmarla, volverla a armar. Dormís poco, te entusiasmás, llorás, temés, te reís, te parece fantástico y la peor idea del mundo al mismo tiempo, entrás en caos, te asusta todo, no sabés muy bien que hacer. La buena noticia es que todo eso termina cuando te subís al avión. Para volver a empezar pero desde otra forma.

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